En 1918, la ciudad de Teruel, capital de la provincia homónima en Aragón (España), era una pequeña urbe marcada por su aislamiento geográfico, su riqueza artística medieval y su papel discreto dentro del contexto político y social de la España de principios del siglo XX.
Panorama urbano y demográfico en 1918
Población: Teruel contaba con alrededor de 10.000 a 12.000 habitantes, según los censos de principios de siglo. Era una ciudad pequeña y en buena parte rural.
Estructura urbana: El casco urbano se centraba en la ciudad medieval amurallada, situada en un promontorio junto al río Turia. Las calles eran empedradas, estrechas y sinuosas, con casas tradicionales y edificios góticos y mudéjares.
Comunicaciones: Su conexión ferroviaria con Zaragoza y Valencia (línea inaugurada a finales del siglo XIX) mejoró algo su accesibilidad, aunque seguía siendo una de las capitales más aisladas de España. La carretera nacional no se encontraba aún asfaltada.
Patrimonio y arquitectura en 1918
En esta época ya eran visibles muchos de los monumentos que hoy son Patrimonio Mundial por su valor mudéjar:
Torre de San Martín (siglo XIV)
Torre y techumbre de la Catedral de Santa María de Mediavilla
Torre de El Salvador
Torre de San Pedro
Estas estructuras, con sus azulejos vidriados y decoración geométrica, representaban el estilo mudéjar aragonés en todo su esplendor. En 1918, muchos de estos edificios estaban todavía en uso religioso o semirruinosos, antes de su completa restauración en el siglo XX.
Economía y vida cotidiana
Agricultura y ganadería eran la base económica de la zona, con productos como cereal, vino, y ganado ovino.
Industria artesanal: Existía cierta producción local de tejidos, alfarería y curtido de pieles.
Comercio limitado, centrado en ferias ganaderas y en mercados comarcales.
Vida modesta y tradicional, con influencia de la Iglesia, las costumbres rurales y escasa movilidad social.
Contexto histórico general (España en 1918)
España vivía bajo el reinado de Alfonso XIII y enfrentaba las consecuencias de la crisis política del sistema de la Restauración, además de una fuerte inestabilidad social (huelgas, protestas obreras, etc.).
Aunque España no participó en la Primera Guerra Mundial, la guerra tuvo impacto económico: carestía de productos básicos, inflación y empobrecimiento en regiones interiores como Teruel.
1918 fue el año de la epidemia de gripe española, que también afectó a la ciudad, con alta mortalidad en zonas rurales y carencias sanitarias.
Notas culturales y sociales
La ciudad ya conservaba la leyenda de los Amantes de Teruel, una historia medieval que seguía teniendo fuerte presencia en el imaginario local.
En arquitectura, estaba comenzando la llegada de algunos edificios de inspiración modernista, como la Escalinata del Óvalo (aunque no se terminaría hasta 1921).
La vida diaria estaba profundamente marcada por la religión católica, las fiestas patronales y un ambiente provinciano.
Otros documentos de interés geográfico : « Plano de Teruel 1918 »