Geografía de Castilla-La Mancha
La Meseta es la unidad paisajística dominante de gran parte del territorio de Castilla-La Mancha: una extensa llanura uniforme y de escaso relieve.

La cordillera de los Montes de Toledo, de oeste a este, atraviesa la meseta que separa las cuencas hidrográficas del Tajo (norte) y del Guadiana (sur). Entre los picos más destacados de esta modesta cordillera se encuentran La Villuerca (1.601 metros) y el Rocigalgo (1.447 metros).
En cambio, una zona más montañosa rodea la Meseta y sirve de frontera natural a la región. Al norte de la provincia de Guadalajara, lindando con Madrid y Segovia, se extiende una sierra que forma parte del Sistema Central, entre la que se distinguen las sierras de Pela, Ayllón, Somosierra, Barahona y Ministra, con las cabeceras de los ríos Jarama, Cañamares y Henares. El Sistema Central también penetra por el noroeste de la provincia de Toledo: una subcordillera de suroeste a noreste conocida como Sierra de San Vicente, que limita al norte con el Tiétar y al sur con el Alberche y el Tajo, y que alcanza sus máximas alturas en las cumbres de Cruces (1373 m), Pelados (1331 m) y San Vicente (1321 m).
Al noroeste se encuentra el Sistema Ibérico, donde existe una importante actividad fluvial y sobre todo kárstica, que ha dado lugar a paisajes como la Ciudad Encantada, los Callejones de Las Majadas y las Hoces del Cabriel.
Al sureste se encuentra la cordillera de Sierra Morena, límite meridional de la Meseta Central y límite de la región con Andalucía. Dentro de Sierra Morena se distinguen la Sierra Madrona, la Sierra de Alcudia y la Sierra de San Andrés. En el otro extremo meridional de Castilla-La Mancha, la Sierra de Alcaraz y la Sierra del Segura forman parte del Sistema Bético.
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